Andorra en pareja: nieve, spa y atardeceres entre montañas
Se nos ocurren pocos lugares más idílicos que Andorra para una escapada en pareja: pueblitos por los que pasear de la mano, la nieve cubriéndolo todo y vosotros contemplándola junto a una chimenea, spas donde relajaros entre burbujas… Suma y sigue con esta lista de planes:
1. Bubbles all-around
Sumergirse en aguas termales burbujeantes, notar cómo la relajación os va conquistando, colocarse bajo una cascada cisne y sentir cómo los músculos se destensan… Si buscáis este tipo de experiencia, Caldea y su spa son los ‘must’ de vuestra escapada. Aquí, por tener, tienen hasta espectáculos que podéis disfrutar desde el agua. ¿Qué tal una noche (sí, una noche) de jazz y champán entre burbujas? Pregunta por sus Champagne Sessions de este mes de diciembre. Para los más clásicos, y amantes de la tranquilidad, pedid que os hagan hueco en Premium, su espacio ‘adults only’.

2. La foto perfecta existe
Y queremos que vayáis a su encuentro: solo tenéis que llegar hasta el mirador del Roc del Quer. Y sí, sabemos que Andorra es país de miradores, pero este nos resulta especialmente impactante porque el espectáculo se encuentra al final de una pasarela de madera suspendida en el aire. Imagínate la estampa: vosotros dos, un cielo azul claro a rabiar, enfrente, los Pirineos, imponentes; y a vuestros pies, un manto blanco impoluto cubriendo los valles del Valira d’Orient y del Montaup.
3. Perderse en la naturaleza
No en sentido literal. Entendednos. Nos referimos a disfrutar de esa desconexión que solo se consigue alejándose del mundo y bajando revoluciones en plena naturaleza. En invierno, rodeados del silencio que genera la omnipresente nieve, también. Es probable que quieras dedicar parte de tu estancia a deslizarte por las pistas de esquí, pero reserva tiempo para, por ejemplo, adentrarte por los senderos del valle del Madriu-Perafita-Claror, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2004.
4. Ver las estrellas
Aquí sí que hablamos literalmente porque en un país donde el 90% del territorio es naturaleza, la contaminación lumínica es prácticamente inexistente y la oscuridad favorece la observación del cielo. Tanto que el parque natural del Comapedrossa y otros espacios de la parroquia de La Massana están incluidos en los listados de reservas y destinos Starlight, el certificado que acredita la calidad de los cielos. La observación puede realizarse por libre (acercaos hasta los miradores celestes del Roc de la Sabina, en Arinsal; y el del Coll de la Botella, en Pal); o, bien, apuntarse a alguna de las actividades que se organizan (en invierno, las hay que añaden excursión nocturna con raquetas de nieve).

5. Probar la cocina más auténtica
Hace siglos eran las casas de campo en las que se guardaba el ganado. A las bordas, con sus características paredes de piedra y sus tejados de pizarra a dos aguas, las encontrarás en zonas de alta montaña y ahora, ya no son establos, sino los restaurantes en los que probar la gastronomía más típica del país. Desde su famoso trinxat (una pequeña masa de col y patata coronada por torreznos) hasta la escudella (sopa de cocido), pasando por carnes a la brasa, habas con chipirones, caracoles…
6. Andorra la Vella, la nuit
Las noches en El Principado son para empezarlas moviéndose entre las luces de los escaparates de Andorra la Vella y aprovechar para regalaros algún capricho. No os hablamos de su capital porque sí, lo hacemos porque cuenta con kilómetros de espacio dedicados a las tiendas. Podéis recorrer la avenida Meritxell y pasar al Fener Boulevard. Aunque en ese punto ya estaréis en el municipio de Escaldes-Engordany.
Y eso está bien porque en ese mismo boulevard se encuentra nuestro hotel Sercotel Delfos Andorra, vuestra meca del descanso después de tanta actividad. Entrad y echad un vistazo a la carta de nuestros restaurantes y, después, tomaos una copa en nuestro pub. Tras ese último brindis, os espera el confort de nuestras habitaciones.


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